A veces me quiero morir. Morirme y nacer en otro lugar, en otra época, en otra situación. Volver a morirme y nacer en forma de árbol. En uno grande y firme. Noble y cubierto de hojas. Que de sombra a los vagos, a los amantes, a los solitarios, a los perros, dar refugio a los pájaros de las tormentas. Que la brisa me empuje y mis ramas produzcan ese sonido tan tranquilizador.
Hasta que ese árbol se vuelva viejo, descomponerme y nacer en forma de aire.
Y vagar.