lunes, 9 de agosto de 2010

No, Curda, no.


¿Viste cuando sentís algo muy fuerte y necesitar decirlo, gritarlo? Necesito decirlo, pero ¡no! No quiero hacer papelones en esta sala. (?)

Así que me pongo a contar esas anecdotas infantiles acerca de insectos, porque cuando era más chica, ponele 9/10 me fascinaban las hormigas. Bah, si, era muy curiosa. Resulta que en la especie de patio de mi abuela, y digo "especie" porque estaba lleno de vigas, el taller de carpintería de mi abuelo que se mimetizaba con el patio, ja!, chapas, ah! si, si... y algunas plantitas muy lindas, había varios hormigueros.Algunos grandes, otros más chicos. Había diferentes clases de hormiguitas.
Una vez, se me da por agarrar una vara y clavarla en uno de los hormigueros. Uno que venía molestandolo hacía rato. Les sacaba las piedritas del costado del agujerito, bueno y yo quería saber a toda costa, donde terminaba, qué profundidad tenían los hormigueros, quería sacar la hormiga madre. En fin, la vara llegó a 30 cm de profundidad y seguía, lo que pasa que no tenía otra vara mas larga y tampoco tenía mucha fuerza para seguir incrustandola. Así que desistí de mi exploración hormiguística y voy al taller de mi abuelo y agarro la cola de carpintero y empiezo a vaciar un poco del contenido en el hormiguero. Le metí otras sustancias, creo que thinner, no recuerdo. Termibada mi maldad, ya que tapé por completo el hogar de esos animales y me fui a jugar a otro lado.
Al otro día voy y estaba de vuelta, el hormiguero, con las piedritas a los costados de la entradita. No lo podía creer. No recuerdo si volví a hacer esa maldad, pero me quedé asombrada. Así que al ver que nada podía hacer, me amigué con ellas.
Encontré un par de hormigueros más chiquitos. Busqué piedras, maderitas y armé una especia de fuerte. Rodée, creo, 5 hormigueritos.
En las siestas tan sagradas de Santa Fe, yo nunca dormía, así que aprovechaba y le sacaba el azúcar a mi abuela y les daba una cucharada a esos bichitos que siempre me volvieron loca. Era increíble como se amontobana. Cuando llovía pensaba que no iba a volver a verlas, pero no, por mucho que costaba, volvían.
Nunca se dan por vencidas, y lo tengo comprobado hasta el día de hoy.

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qué viva la danza, de los que en ella están ♪♫