El sabor de la nadaAlma triste que antaño tanto amabas la lucha,
la Esperanza que un tiempo espoleaba tu ardor
ya no quiere montarte. Sin pudores, ve y túmbate
como un viejo caballo que tropieza con todo.
Corazón, capitula; duerme un sueño bruto.
¡Alma exhausta, vencida! Para ti, vagabundo,
ni el amor ni la guerra pueden ya cautivarte.
¡Adiós, pues, oh clarines y suspiros de flauta!
¡Olvidad, oh placeres, a ese pecho sombrío!
Su fragancia ha perdido la gentil primavera.
Me va el Tiempo engullendo de minuto en minuto
como engulle la nieve un cadáver ya rígido;
desde lo alto contemplo estar tierra redonda
y renuncio a encontrar el amparo de un techo.
¿Por qué, alud, no me arrastras en tu inmensa caída?
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qué viva la danza, de los que en ella están ♪♫