sábado, 18 de septiembre de 2010

No sé


No sé como estoy, no sé definirlo... mas mal que bien. Pero sigo. Mal que mal...

Pero nunca el centro. Son los extremos, la gente se da cuenta y no se manejarlo. O me voy a la mierda o me voy al carajo.

A veces me mantienen las fantasías, a veces, muy mal fundadas, utópicas, ilógicas. Entonces me voy tan abajo que el porrazo me cuesta semanas y claustros.


Quiero ser un árbol. Uno grande y viejo.

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Cuando yo caiga, como fruto maduro del árbol de la vida
dejadme allí mismo, donde yo caiga,
para que me abrace el sol y el viento y la luna,
que la vida me devore mordisco tras mordisco
Que cada cual recoja el amor que me dio:
la luz, su luz; el agua , su agua,
la tierra, su ceniza; su espíritu, el viento,
Que coja cada cual lo que precise
Pero que no me esconda la codicia humana
en el calabozo de los muertos, en una jaula sagrada
aferrada a un recuerdo, llorando como un niño
que no quiere devolver lo que se le prestó.
De la semilla al fruto fui empujado por el amor,
cuando vuelva al origen, derribado o caído,
amigo o enemigo, que no te cause espanto,
aunque te parezca que ya no tenga vida,
no es que esté muerto, me estoy recreando.
No me cubras de tierra, ni me metas en un nicho.
Si no quieres verme, llévame a campo abierto,
déjame mirando al cielo para irme esparciendo
entre todo lo que quiera llevarse de mí algo.
Un gusano, una mosca, un pájaro cualquiera...
hasta que me consuman por amor regalado
para empujar la vida soñando pero libre,
que cada uno recoja lo que me dió prestado.
Así , cuando caiga, dejadme caído
para retornar a la vida allí donde caiga.

Ramón Sampedro

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qué viva la danza, de los que en ella están ♪♫